CUANDO CASI NO EXISTÍAN LOS CAMINOS
Allá por los años de la primera mitad del presente siglo casi no había caminos, sólo la línea férrea y caminos o sendas cortas para unir los pequeños villorrios. Eran, más bien, simples huellas. Lo que más se usaba era el mar, comenta el vecino y conocido armador, Arturo Cárcamo.
Yo hacía viajes desde Castro a Chonchi y Puqueldón, con veinte, treinta o más pasajeros. Mi primera lancha fue "La Malvita", de catorce metros de eslora por tres de manga y "uno veinte" de puntal. Después construí "La Oritia", de dos metros más de eslora.
También hacía viajes especiales para ir a dejar a los trabajadores que regresaban de las faenas de la esquila, desde Argentina y Magallanes. Ahí venía mucha gente; tenía que hacer dos, tres o más viajes. Quince años trabajé en eso, además de hacer el cabotaje.
Una vez fui a buscar papas a Rilán: Ahí pasé un poco de susto: vino un temporal en la temida y famosa Punta de Aguantao; casi naufragamos... pero alcanzamos a llegar a tierra. En otra ocasión fuimos a la Fiesta de Caguach y nos tocó un temporal tremendo. Tuvimos que acampar como seis días para capear el fuerte viento; en esos tiempos no teníamos radio, por lo que en la casa no sabían nada de nosotros... La angustia y la incertidumbre se apoderaba de la familia.
Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
Yo hacía viajes desde Castro a Chonchi y Puqueldón, con veinte, treinta o más pasajeros. Mi primera lancha fue "La Malvita", de catorce metros de eslora por tres de manga y "uno veinte" de puntal. Después construí "La Oritia", de dos metros más de eslora.
También hacía viajes especiales para ir a dejar a los trabajadores que regresaban de las faenas de la esquila, desde Argentina y Magallanes. Ahí venía mucha gente; tenía que hacer dos, tres o más viajes. Quince años trabajé en eso, además de hacer el cabotaje.
Una vez fui a buscar papas a Rilán: Ahí pasé un poco de susto: vino un temporal en la temida y famosa Punta de Aguantao; casi naufragamos... pero alcanzamos a llegar a tierra. En otra ocasión fuimos a la Fiesta de Caguach y nos tocó un temporal tremendo. Tuvimos que acampar como seis días para capear el fuerte viento; en esos tiempos no teníamos radio, por lo que en la casa no sabían nada de nosotros... La angustia y la incertidumbre se apoderaba de la familia.
Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"