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jueves, 29 de julio de 2010

Mirando Chiloé desde mi puerta
No sé si han sido los cambios climáticos. No sé si es el tiempo transcurrido. O la celeridad que en ustedes veo. Algo me llevó a pensar, mientras observaba Chiloé desde la puerta del más allá, que debía actualizarme. Y me fui quedando dormido plácidamente. Hasta sentía el calor de las casas-fogones que tantas veces me abrigaron en tertulias inolvidables, en tantas islas de nuestro diseminado archipiélago. Despertar y tomar una determinación, fueron un solo acto:

Mi Underwood
- Debo dejar la máquina de escribir Underwood y comenzar a explorar el computador y las posibilidades virtuales que me permitirán compartir las cosas inconclusas que dejé cuando la vida apagó mi luz visible. Y es que todo se fue apagando de a poco, como una crónica de muerte anunciada. Curiosamente, la misma memoria que me traicionó, hoy, me arroja imágenes y recuerdos. Recuerdo, prístinamente, cuando a mi compañera de toda la vida, Flory, le señalé que la memoria se me iba, que conocía del Alzheimer y que no deseaba darle el trabajo, los desvelos y las penurias que ese flagelo implica para los que te quieren. Recuerdo el gran esfuerzo que hice la noche que presenté mi último libro "Cronograma de Castro en el Siglo XX". Hasta me parece que salí dignamente de aquel trance.

- Acá he tenido tertulias renovadoras con amigos de siempre: Francisco "Pancho" Coloane, César "Maestro Cheche" Vera, Nelson Cuitiño y tantos otros. Solemos juntarnos en verdaderas mingas del verbo. Acá el tiempo es imperecedero. Acá la perspectiva es tridimensional, los paisajes son infinitos. Somos una suerte de seres omnipotentes, omnisapientes. Pero no se preocupen por ello, mantengo la discreción que conocieron de mí, en vida. Lo que haré desde ahora será ni más ni menos, que recuperar algunos escritos que dejé en Castro y que no alcancé a publicar. Supe que la segunda edición de mi "Crónicas de Chiloé", bellamente impreso, no llegó adonde yo soñaba: bibliotecas, escuelas, medios de comunicación, amigos, colegas y generaciones futuras; porque comprendía que mis vivencias y las de mis co-etáreos iban raudamente quedando en el olvido. Por ello, elegí esta virtualidad que tiene la gracia de decir desde acá lo que allá escribí acerca de mis amigas y amigos, de mis conocidas y conocidos, de mis coterráneas y coterráneos, en el diario vivir de las apacibles jornadas insulares.

Espero mantener y sostener con ustedes, allá, una comunicación fluida. Dos amigos merecen mención especial: Nelson "Toño" Torres y Mario Contreras Vega. Ellos me empujaron y ayudaron con mi libro inédito "Anecdotario Insular" (R. P. I. Nº 194.215), un libro que recoge vivencias irrepetibles del Castro de alguna época. Es un libro de casi cien páginas que no alcancé a publicar y, como acá no dispongo de imprentas ni editoriales, he decidido subir (o bajar) periódicamente para ustedes todas y cada una de esas historias que, en su conjunto dibujan un momento de la Capital de Chiloé y de su gente, sus hábitos y costumbres, desde la persona de distintos amigos, algunos de los cuales me apoyan desde acá, en esta empresa.

Espero reencontrarme con amigos diversos, allá; como los que tuvieron palabras generosas cuando decidí este viaje: Cataldo Martínez, Jaime Márquez Altamirano, Carlos Alberto Trujillo, Enrique Ramirez Capello, entre tantos.