sábado, 11 de agosto de 2012

DEL TRANSPORTE MARÍTIMO AL TERRESTRE

  Hasta el año ochenta, el puerto de Castro mantuvo un fuerte flujo de embarcaciones de gran tonelaje, como las que iban a Punta Arenas y de otras, de menor calado, que cubrían la ruta Puerto Montt-Aysén e intermedios; enriqueciéndose paisajísticamente con la presencia de los típicos veleros chilotes, como las goletas, lanchas y chalupones, que llegaban a la bahía con sus productos típicos o transportando madera, leña, papas y también pasajeros.

            En el año 1981, el cabotaje mayor prácticamente muere como consecuencia lógica de la apertura definitiva y expedita de la Carretera Panamericana, que une a Quellón con Ancud, los extremos Sur y Norte de la Isla Grande, respectivamente; conservándose hasta hoy día sólo la navegación menor, vale decir, la lanchas a motor, chalupones, chalupas y botes.

            Todo comenzó a realizarse por la vía terrestre y ,con ello, cambia el paisaje portuario. Sin embargo “el mar tira”, dice con nostalgia un poblador del bordemar, que se dedica a la pesca, noble y sacrificada actividad del hombre ribereño... y allí, en la bahía, pueden observarse por las noches las lámparas titilando a babor o estribor, para atraer al popular jurel, los róbalos, la merluzas... y, ahora también, el exquisito salmón.

            ...Y también se reactivó la calle Pedro Montt, destinada básicamente a viviendas-palafitos, vestigio de un pretérito nostálgico y próspero y calle Lillo, de activo comercio, donde también se emplaza el Mercado Municipal y numerosas residencias, negocios, restaurantes y un nutrido comercio ambulante o callejero “pintando un paisaje diferente”.

Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
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