sábado, 12 de mayo de 2012

EL TERREMOTO DEL SESENTA

A modo de preámbulo -cuenta un vecino- respecto del terrible movimiento sísmico que el día 22 de mayo del año 1960 asoló la zona centro-sur del país, es válido contar la siguiente anécdota: "Venía con mi esposa e hijos de regreso a casa cuando captamos este diálogo entre un matrimonio de campesinos:
            - "¡Por Dios, viejo, qué indolente eres, cómo no te das cuenta... Nuestros compatriotas muriéndose por allá por Valdivia y tú tomando y bailando! ¡Chachita Dios, que Dios no nos vaya a castigar a nosotros!"

            ... Sentencia premonitora, acabamos de ingresar a nuestra casa, cuando comienza el movimiento telúrico.

            Edificios de concreto y de madera sufrían los efectos del fenómeno. Los primeros se desplomaban como si fuesen bombardeados por poderosos aviones de guerra lanzando sus destructoras cargas; los segundos se abrían, "saltaban" de sus bases o poyos o eran presa de incendios que brotaban por aquí o por allá.

            En los primeros instantes cada familia se enfrenta al fenómeno según su instantánea reacción o el dominio de la situación logrado por alguno de sus miembros. Después... el caos.

            El día del terremoto -dice una pobladora de la calle Pedro Montt- estaba en la casa de mi hermana, cuando sentí un temblor chico. Entonces dije: "va a haber terremoto porque ayer hubo uno en la Zona Central". En eso viene el temblor grande. No supe cómo llegué a mi casa... lo único que recuerdo es que entré al negocio. Ahí vi como caían las latas de conserva. Entré a sacar a mis niños y me senté con ellos en los durmientes de la línea férrea. No pensé que había casas, palos, nada... Ahí los vecinos me dicen ¡vamos a los botes!... Nos fuimos a La Francisquita ¡Ahí estuve dos días! Después vi que en mi casa no había nada: ¡Todo estaba bajo el mar. Perdimos todo!

            El pasadizo hundido; el negocio, las camas, los muebles, todo, todo mojado. ¡Todo se perdió! La bahía quedó en seco, pero donde más se notó fue en el Estero de Ten-Ten. Después venía el mar con un ruido bien feo, como si arrojaran toneladas de piedras. El mar bajaba rápidamente... y subía con lentitud!

            Prácticamente todas las casas que ahora hay aquí en Pedro Montt son nuevas, transformadas o refaccionadas.

            Primero vino un movimiento chico; nunca creímos que iba a ser un terremoto... pero después fue más fuerte... y más fuerte ¡Nos sacudió bien, "po"... y arrancamos!

            Después vinimos a buscar nuestras pilchas para pasar la noche afuera. Así estuvimos más de quince días, en carpas improvisadas, como "reparo" ¡Nadie, nadie quedó en su casa! ¡Si el mar subió hasta afuera, en la línea del tren!

            Emilio Rogel dice que ese día estaba haciendo un cerco de alambre. El mar subió y después la bahía quedó en seco. Todo esto quedó seco... y después subió mucho. Por Pedro Montt y por Lillo la gente tenía que andar en botes. El mar tubo como tres subidas y bajadas, hasta que se quedó tranquilo, estable, pero quedó mucho más alto que antes.

            Otra pobladora agrega: "El mar lo vi cuando "llegó" (subió) y de pronto se "retiro" (bajó). Tenemos que arrancar, dijo mi esposo. Nos fuimos a un cerro... Ahí vimos como bajaba ¡Cómo que el mar se secó por completo... y al rato sube rápidamente y arrastra con todas las casas del bordemar -los palafitos- sacando a muchas de cuajo! Fue algo tremendo.

            Por varios días "nos arreglamos" con los vecinos. Surgió mucha solidaridad; barcos, aviones con ayuda... y la gente comenzó a retornar a sus hogares. Comenzó a tranquilizarse la población, a acostumbrarse ya que todos los días se sentían movimientos sísmicos de menor intensidad... Pero el movimiento telúrico hizo pedazos muchas casas, las juntaba así, exclama una profesora dando a entender con las manos que se juntaban con otras, de a dos... y las hacía pedazos. Por las noches estábamos con un palo para medir cuánto subía el mar.

            ¡Teníamos miedo! No se dormía en las noches: ¡Hacíamos guardia!

            Una anciana cuenta que ella estaba en su casa, en la costanera: “El agua subió hasta las ventanas. Teníamos que andar en botes por la calle. Yo estaba en mi casa con mis hijos y no los dejé salir... pero cuando comenzó a sentirse más y más fuerte el movimiento y empezó abrirse la tierra, salimos p’a fuera. De la fuerza del movimiento los rieles de la línea férrea se torcieron todos... y nos fuimos a una pampa, que había al frente. Allí, unas niñas que habían estudiado nos dijeron; “por qué no se salen de acá... más lueguito no más va a venir el maremoto. ?Salgan de acá porque el maremoto lo va a destruir todo! ¡Al ratito subió la marea de tiro y tiro y lo tapó todo!

            "Ahí arriba había una pampa. Ahí nos juntamos varios vecinos e hicimos “reparos” (carpas, chozas). Con el movimiento nadie quedó en sus casas. Yo estaba afuera y tuve que sujetarme de un palo ¡Ahí estuve... pero al ratito llegó mi chica, como loca y me abrazó. La casa quedó media de agua!"

            Varias familias no refugiamos en una pesebrera, donde una vecina tenía sus ovejas. Éramos siete familias. Uno caminaba y se caía al suelo con el movimiento. Fue algo terrible. Ahí estuvimos tres meses. El mar bajaba y subía hasta la Avenida Pedro Montt. Ahí se andaba en bote.

            Otro testimonio dice: “Aquí en Lillo hubo un derrumbe de tierra lo que me favoreció porque me rellenó gratis un sitio, que era pantanoso”, aunque perdimos la barraca y la madera que allí teníamos. Después, como que nos acostumbramos con los temblores. Casi todos los días había alguno. Ya nadie le hacía caso. Por el contrario, comienzan a contarse anécdotas de tan desgraciado episodio de nuestra historia local". Como éstas:

            El recordado Negro Parada, un típico rotito chilote con el ingenio a flor de labio, es sorprendido por una pareja de carabineros con una cocina al hombro, generándose el siguiente diálogo:

            -¡Alto ahí, de donde sacaste esa estufa!
            -¡La encontré flotando, mi Carabinero!
            -¡Cómo que flotando. No ves que es de puro fierro!
            -¡Chist... que ignorante es usted, mi señor carabinero...si los barcos flotan y no va a flotar una cocina, que es mucho más chica!!!

            ... Y otra del mismo personaje:

            Alguien lo encuentra sentado, meditando a orillas del mar, reflejando mucho pesar por lo que le pregunta qué le pasaba.

            - ¡Chist, no voy a estar triste si el maremoto se llevó mi piano de cola!

Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
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