sábado, 3 de marzo de 2012

LOS JUEGOS ANTIGUOS

  Los niños de antes se entretenían con juegos sencillos, al contrario de lo que sucede hoy día, las calles pertenecían a los niños, utilizándola como cancha de fútbol o campo de juegos, sin el menor peligro, a excepción de que por ellas lleven al matadero algún toro bravo o "bagual".

            No había niño que no sea experto en el manejo del trompo o del emboque. Cuando se jugaba al trompo se confeccionaba un gran círculo al que se le hacía un “x” en su interior. Iniciaba el juego aquel que lograba colocar la púa de su trompo, bailando, más cerca de la x y/o en su intersección, siendo condición que éste quede bailando.

            En los barrios se reunían o juntaban casi todos los niños de la manzana: cinco, diez o más niños jugando con gran algarabía. A veces esto resultaba un tanto peligroso ya que al lado opuesto de la púa se colocaba otra púa, un tanto aplanada y filuda, que se usaba para lo que llamaban “el quiñe”, que consistía en “darle o pegarle” cinco, diez o más “quiñes”, según lo previamente estipulado, al trompo del perdedor.

            Los trompos a veces sólo duraban un par de días puesto que “a quiñazo limpio” prácticamente los inutilizaban.

            Otra entretención para hombres y mujeres era el caracol: consistía en un rectángulo grande, subdividido en otros más pequeños, generalmente diez. Allí se hacía avanzar la “mariola”(una caja de betún, rellena con tierra) con un solo pie, evitando que quede sobre alguna raya, porque entonces quedaba "lile" o “quemado” y le tocaba jugar la siguiente competidor. A veces se jugaba en parejas, pero por lo general, se jugaba entre dos.

            Para nosotros, comenta un entrevistado, más nos entretenían los zancos. El más “capo” era aquel que el soporte para los pies lo tenía a mayor altura del suelo y más aguantaba caminando con ellos. Solíamos poner como meta o tarea el dar la vuelta completa a la manzana.

            También solíamos saltar con los zancos, a pie juntos, lo que sólo hacían los más expertos en el manejo de los extraños elementos.

            Muy popular, masivas y coloridas eran “las comisiones” con volantines. Generalmente nos juntábamos tres o cuatro a elevar nuestros coloridos volantines y surgía el desafío: ésta -las comisiones- consistía en maniobrar nuestros volantines de manera tal que al inclinarse o al “picar” de mayor altura, lo haga impactando al adversario, derribándolo, lo que generalmente hacíamos en la pampa de los curas franciscanos, en Castro; vale decir en la actual esquina de calles O’Higgins con Gamboa, hasta Ramírez, lugar donde jugábamos también las tradicionales “pichangas” de las tardes.

            ... Y no podíamos dejar de emular al ya mundialmente famoso Tarzán, saltando de pino en pino o a los intrépidos cowboys, armados de inofensivos rifles y caballos de palos, hechos por nosotros mismos.

Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
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