sábado, 21 de enero de 2012

LOS JUEGOS DE MEDIADOS DEL SIGLO
  A diferencia de los días contemporáneos, allá por las primeras décadas del siglo, la actividad lúdica básicamente se sustentaba en el ingenio y la tradición. Es cierto que algunos afortunados recibían juguetes con cuerda y hermosas muñecas, pero la generalidad de los niños gozaban con juguetes confeccionados por ellos mismos. En una conversación retrospectiva con algunos amigos contemporáneos recordábamos el infaltable trompo y su respectiva huaraca (cordel o lienza), que lo hacía girar (bailar).
            Es así como se confeccionaba un gran círculo, donde se marcaba una "X"... Comenzaba el juego aquel que lograba colocar más cerca de la "X" y/o su intersección de la púa de su trompo, siempre que éste quede bailando.
            En cada barrio se juntaban cantidades de niños: diez o más jugando al trompo. Claro que a veces era un tanto peligroso ya que al lado opuesto de la púa, le colocábamos otra púa, un tanto aplanada y filuda, que se usaba para lo que denominábamos el "quiñe", que consistía en “darle o pegarle cinco, diez o más golpes con la púa, según lo previamente acordado. Los trompos a veces sólo duraban un par de días puesto que “a quiñazo limpio” prácticamente quedaban inutilizados... "¡totalmente astillados!"
            Otra entretención era el caracol; éste consistía en un rectángulo grande, subdividido en otros más pequeños, generalmente diez. Allí se hacía avanzar la "mariola” (generalmente una caja rellena con tierra) con un solo pie, cajón por cajón, evitando que éste quede sobre alguna raya, porque entonces quedaba “quemado "o "lile” y le tocaba jugar al siguiente competidor. A veces se jugaba en parejas, pero generalmente era entre dos.
            Otra entretención eran los zancos. El más capo era aquel que el soporte para los pies lo tenía a mayor altura del suelo y que más aguantaba caminando sobre ellos. Generalmente se ponía como meta o tarea el dar la vuelta completa a la manzana. Otra cosa que hacíamos con estos implementos era el saltar con los pies juntos... y no caer.
            Muy popular y masivas eran las “comisiones” con los volantines. Generalmente nos reuníamos tres o cuatro a elevar sus respectivos volantines... y allí surgía el desafío de "efectuar una comisión".
            Esta consistía en maniobrar el volantín de modo que al inclinarse y/o “picar” desde mayor altura, impacte al rival, derribándolo cosa que habitualmente hacíamos en la pampa de los curas franciscanos, vale decir hoy día en la esquina de O’Higgins con Gamboa, hasta Ramírez, donde también se realizaban las masivas “pichangas”, con pelotas de trapo y en algunas ocasiones con las que llamábamos pelotas “de casco” (de fábrica).
            ... Y no podían faltar los del gran Tarzán, saltando de un pino a otro como aquellos que se las daban de diestros cowboy, con caballos de palo, adornados con riendas y cola crín...

Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
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